Hoy vamos a hablaros sobre uno de los momentos donde más te la juegas para acabar una comida con el mejor sabor de boca posible.

Es también un momento “tenso” en el que, si te has esforzado con el maridaje de cada plato, la apuesta sube a doble o nada. Estamos hablando del postre, del final del ágape, del homenaje con redoble de tambores que marcará el recuerdo de todo comensal sobre los vinos probados durante la comida. 

Además, la complicación crece exponencialmente si el postre incorpora azúcar, frutas, chocolate y otros ingredientes dulces. Pues estos son las más ingratos a la hora de aceptar pareja vinícola. 

Aquí te damos la solución de los ganadores. Ya no tendrás que continuar con el vino del plato fuerte. El secreto está en combinar dulce con… dulce.

Eso sí, con un frizzante que le da un puntito sorprendente e inigualable. Para ello, nuestro MdO Moscato de Ochoa es la carta ganadora, el final más festivo vestido de burbujas.