AHORA. AQUÍ. SIEMPRE
Javier Ochoa renunció a su sueño de ser fotógrafo para hacerse cargo de Bodegas Ochoa tras la muerte de su padre en 1965. Pero nunca dejó de fotografiar. Décadas después, cuando sus hijas afrontan el relevo generacional en un mercado del vino en plena crisis de identidad, rescatan ese archivo silencioso. Las imágenes de Javier, íntimas, humanas, llenas de historia, se convierten en las etiquetas de sus vinos y en el hilo conductor de un cambio de imagen que es, sobre todo, un acto de memoria y amor.